domingo 10 de julio de 2011

INDICE

INDICE

Julio Eduardo Chumpitazi Ramírez

Julio Eduardo Chumpitazi Ramírez

Julio Eduardo Chumpitazi Ramírez

Julio Eduardo Chumpitazi Ramírez

jueves 28 de abril de 2011

Los 13 vuelos del Cuervo - VI



VI



Acaba de una vez con esta masacre de hadas.

Corta la espada ondulante con el fragor bestial de tu silencio.

Apenas a una gota helada de este flemático aguacero
estuve destajando alas lunares y movimientos submarinos.

¡Esta bien! Lo confieso: con mi ferocidad de árbol
incendié sombras saladas en un bosque de piedras.

Apenas a dos gotas hirvientes de esta sed de capullo estelar
me supe conquistando colmenas, esclavizando avispas 
y fulminando etnias enteras de doradas abejas australes.


Yo eliminé a los fantasmas azules y a los otoños más bellos.

Derruí hojas muertas para erigir el templo del frío.

Soy culpable de las más horrendas vidas
y de los suicidios más hermosos.

Cuando acabe de rugir mi pena, corta con tu sangre mis ojos asesinos 
y acaba de una vez con esta existencia de demonio encerrado en el paraíso.

lunes 25 de abril de 2011

Los 13 vuelos del Cuervo - V


V



Le digo adiós a esa profundidad de gorriones.
Adiós, a tu plumaje elevado.

Me despido de la enmarañada cúpula,
en que el dragón sediento anidó
causando rubíes y tempestades.

Me alejo de esa madriguera ciega
en que una bestial arquitecta
confeccionó las alas de la noche.

Dejo en la nocturnidad del petróleo
el sonido envolvente de tu canto.

En un lugar de peces,
llegó a mi soledad de cuervo
una asesina con su espada transparente,
e inevitablemente el otoño
se cubrió con el azul de tu sangre

viernes 22 de abril de 2011

Los 13 vuelos del Cuervo - IIII


IIII



A veces no me siento parte de nada.

A veces no me siento parte de todo.

Algo humea bajo la lluvia
y un ruido pestilente
atesora el jardín oscuro
en que la flor diurna
expande sus pétalos solares
como las alas rotas
de una mariposa muerta.

El frío arde como una orquesta de mandrágoras
y los líquenes encendidos de sangre
escupen el camino del oro.

A veces el silencio grita
desde el fondo de un avejentado yo,
como un cuchillo fosforescente
cortando el vientre de la atmósfera,
y el punto más sencillo se hace un laberinto.

A veces demasiada compañía
es más solitaria que la soledad,
y a veces -sólo a veces-
el amor toma forma en el aire
y se respira como un oasis desierto.