VI
Acaba de una vez con esta masacre de hadas.
Corta la espada ondulante con el fragor bestial de tu silencio.
Apenas a una gota helada de este flemático aguacero
estuve destajando alas lunares y movimientos submarinos.
¡Esta bien! Lo confieso: con mi ferocidad de árbol
incendié sombras saladas en un bosque de piedras.
Apenas a dos gotas hirvientes de esta sed de capullo estelar
me supe conquistando colmenas, esclavizando avispas
y fulminando etnias enteras de doradas abejas australes.
Yo eliminé a los fantasmas azules y a los otoños más bellos.
Derruí hojas muertas para erigir el templo del frío.
Soy culpable de las más horrendas vidas
y de los suicidios más hermosos.
Cuando acabe de rugir mi pena, corta con tu sangre mis ojos asesinos
y acaba de una vez con esta existencia de demonio encerrado en el paraíso.